La Fundación Vicente Ferrer rompe barreras y prejuicios con pasos de baile
Ojos y oídos para qué os queremos si tenemos pies. Al menos eso es lo que deben pensar los niños y niñas con discapacidad visual y auditiva que forman parte del programa de danza de la organización. Estas clases llevan impartiéndose desde 1999 y actualmente 235 peques acuden a estos talleres de baile adaptados, una actividad que ayuda a desarrollar la coordinación, la concentración y estimula los sentidos y la psique de los niños afectados por estas discapacidades auditivas y/o visuales.
La Fundación Vicente Ferrer confía mucho en estas dinámicas. “El baile es importante para mostrarles que tienen las mismas habilidades que las niñas y los niños sin discapacidad”, explica Sigo Rajasekhar, profesor de danza tradicional en la FVF desde hace diez años. Con las coreografías se les enseña tanto a moverse como se les adentra en la cultura y costumbres propias del país. En la India hay muchos rituales, bailes y vestidos tradicionales muy ricos y bonitos que todos esos niños merecen conocer.
Hay diferencias entre quienes tienen deficiencia visual y quienes tiene discapacidad auditiva. Son técnicas diferentes: en el caso de las dificultades para oír, los profesores tienen un sistema de luces que son como referencia para moverse. Hay uno o dos profesores, según el tipo de danza que se esté enseñando, pues en determinadas coreografías se requiere de cierto apoyo.
Para aquellos que no pueden ver, los docentes reproducen la coreografía con ellos a través del tacto. Con la música y el movimiento que les marca la entrenadora van conociendo el escenario y aprendiéndose los pasos de baile. “El principal obstáculo es la comunicación. Tengo que tener mucha paciencia y no perder la sonrisa, pues hay días que cuesta más que otros el motivarles”, explica Sasikala, una de las ‘profes’ de la escuela de danza de la Fundación Vicente Ferrer.
Los conocimientos se absorben con mayor facilidad en los cinco y los seis años, por eso se intenta que se inicie a los peques en danza a esa edad. Con dos días a la semana dos horas se considera que pueden iniciarse bien en el mundo del baile.