Entrevista a la Dama de Blanco Yarai Reyes
Yarai y Normando tienen planes junto a su hija Daniela. Se imaginan que en unas semanas estarán celebrando el primer cumpleaños de su hija en un país libre, alejado del precio que han pagado por pensar diferente: represión, amenazas, insultos. Normando es periodista independiente, escribe a favor de la libertad, y por ende en contra de la dictadura de Castro. Ya tienen el permiso de salida, solo falta el pasaje.
Pero a mediados de marzo de 2003 el sueño se trunca. Normando escondido en su casa, bajo la cama como en una tragicomedia, trata de ganar días para poder celebrar el cumpleaños de Daniela en su casa en Camagüey. Las Fuerzas de Seguridad lo buscan, es un traidor a la patria por desear que Cuba sea libre. A escondidas apagan las velas del primer cumpleaños de su hija. Lo encuentran. Y lo condenan. “Cadena perpetua”, resuena una vez tras otra en la cabeza de Yarai la petición del fiscal. De
Empieza entonces el peregrinar de Yarai como esposa y Dama de Blanco. Largos viajes pesan a sus espaldas, pues Normando es uno de los presos de
Yarai sonríe todo el rato, y su risa es contagiosa y agradable. El bueno humor, o mejor la sonrisa, le ha ayudado a soportar estoicamente siete años de lucha. En este tiempo ha visitado varias prisiones, ha vestido de blanco junto a las demás Damas pidiendo libertad, y lo más difícil, ha tenido que explicar a su hija por qué su padre estaba preso sin haber hecho nada malo.
Decirle a Daniela dónde estaba su papá fue “uno de los momentos más duros”. “Mi hija siempre se hizo a la idea de que su papá estaba enfermo, porque él estuvo ingresado en varias ocasiones y ella lo visitaba al hospital, y ella me preguntaba ‘¿Cuándo mi papá se cure irá para la casa?’. Pero ya cuando iba a la escuela, un niñito le dijo que su papá no estaba enfermo, que estaba preso. Ese día ella llegó y me dijo ‘siéntate ahí, dime la verdad, ¿mi papá está preso o está enfermo?’. Le dije ‘ tú papá está enfermo, pero también está preso’ y empezó a llorar y a decir que
“En siete años vivimos como
Con ellos, como con todos los demás presos de conciencia cubanos, han sido muy crueles. “Para ellos nosotros éramos animales, lo peor que podía existir, porque estos presos a pesar de ser presos por ideales, por no pensar igual al gobierno, eran tratados con asesinos. En un caso la propia Seguridad del Estado me dijo a mí que éramos peores que asesinos. Eran déspotas. Nos maltrataban”.
Amparados ya por la libertad, Normando, Yarai y Daniela emprenden un nuevo camino juntos que se ha retrasado siete años. Pero nunca es tarde. Son jóvenes y tienen ganas de sonreír. Y tienen además muchos años por delante para recuperar, bajo un manto de olvido de malos recuerdos, los años robados. “Hemos pasado de vivir bajo las balas, la represión, las amenazas…a vivir bajo la luz, por eso sé que nos tiene que ir bien”.