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HAITÍ, MÁXIMO EXPONENTE DE LA SOLIDARIDAD

16 de septiembre de 2015 | Todas

Haití es el ejemplo de un mundo globalizado que se moviliza por un territorio que ha sufrido una catástrofe y clama por ayuda internacional. Cada día surgen iniciativas de distintos puntos del globo y de sectores muy diferentes con actividades diversas y con el único objetivo de ayudar a reconstruir el país.
La sociedad civil haitiana ha dado numerosos ejemplos de solidaridad: ha habido restaurantes que han repartido comida o familias que han acogido a niños de la calle en su propia casa hasta que han encontrado a algún familiar. Este tejido social local es tan solidario que resulta sorprendente que no hayamos puesto mucha atención mediática en él.
Sin embargo, parece que los organismos internacionales no siempre comparten la voluntad popular: se rechaza la imagen de supremacía militar y Estados Unidos y la Unión Europea envían 22.000 efectivos, entre otros, cuando la historia reciente nos evidencia que las intervenciones militares no funcionan. Se pide la cancelación de la deuda externa de Haití y esta cuestión no está en la agenda de los líderes de esta ayuda.
La solidaridad también se ha hecho explícita en el alud de solicitudes de adopción de niños haitianos, esta vez mal entendida. Redes especializadas, como la organización Relaf (www.relaf.org) que trabajan por el derecho a vivir en familia y en comunidad, nos advierten de los efectos perjudiciales de una inmediata adopción para estos niños. Además, Naciones Unidas recomienda, con el objetivo de proteger al niño y a su identidad cultural, que no sea dado en adopción hasta dos años después de búsqueda activa de sus familiares. Además, la Ley de Adopción Internacional española apunta que “no se tramitarán solicitudes de adopción de menores cuando su país de residencia se encuentre en conflicto bélico o inmerso en un desastre natural”.
La lección a aprender es que debemos dotar a la ONU de mecanismos ágiles de respuesta para ayuda humanitaria. El lado negativo es que hay otros haitís, hay otros estados igual de frágiles, que pueden estar en una situación similar y no podemos permitirnos actuar desde la comunidad internacional con tanta ineficacia y lentitud.
Intervida comparte la sensibilidad de la sociedad y, por ello, ha enviado fondos a través de dos organizaciones que trabajan en el terreno; pero sobre todo le preocupa cómo se construirá el nuevo Haití, que lo construyan los propios haitianos, y cómo se protegerá a la infancia, beneficiaria siempre de todos sus proyectos. El papel de vigilancia de los líderes políticos lo debe ejercer la ciudadanía, con una conciencia crítica y con el soporte del sector social, de las ONG. En este caso, Intervida seguirá velando por el respeto de los derechos de la infancia, porque un niño siempre tiene derecho a ser niño, a pesar de las circunstancias externas. Hay que luchar para que recupere su infancia.