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La violencia de género se está convirtiendo en un reto para la salud pública

16 de septiembre de 2015 | Todas

EP/Madrid

El aumento de las agresiones a las mujeres por parte de sus parejas está convirtiendo al fenómeno de la violencia de género en un reto para la salud pública. El temor de muchas mujeres a denunciar los casos de violencia de los que son víctimas hace que el profesional sanitario deba extremar la alerta para detectar este tipo de situaciones señaló la doctora Luisa Lasheras, del Instituto Universitario de Estudios de la Mujer y que ofreció el curso ‘La perspectiva de género en en ámbito de la salud’ en la Universidad Autónoma de Madrid.

La experta recuerda que el sentimiento de culpa, vergüenza, miedo o la prohibición expresa del maltratador hacen que muchas veces la mujer no acuda al sistema sanitario, «y si lo hace atribuye la lesión a otra causa en caso de que le pregunten» a causa de todo esto, afirma a la doctora «el diagnóstico de certeza depende del grado de colaboración de las mujeres, pero puede hacerse un diagnóstico de sospecha ante determinada sintomatología con una anamnesis bien dirigida».

Por ello, esta experta subraya la importancia del profesional sanitario, que es en algunos casos «el primer contacto que permite a la mujer salir de su aislamiento. Hoy sabemos que de la relación que se establezca entre la mujer y el profesional en este primer contacto depende el buen pronóstico», añade.

Según la doctora Lasheras, «es un fenómeno que no se limita a la violencia física, sino que alcanza también la psicológica y la sexual, más difíciles de medir. Todo ello, añadido a la dificultad para reconocerlo y denunciarlo por parte de las propias afectadas, es uno de los motivos por los cuales es tan difícil de detectar».

Las lesiones traumáticas físicas son la señal de la violencia doméstica más fácil de detectar. Sin embargo, existen otras manifestaciones mucho más ambiguas que dificultan su diagnóstico. Entre ellas, lesiones múltiples en diferentes grados de evolución, afecciones genitourinarias, síntomas físicos diversos como cefaleas, dolores abdominales, dolor pélvico crónico o tensión muscular. También cabe destacar los trastornos psicológicos diversos como tristeza, dificultad para concentrase, pérdida de memoria, cansancio, apatía, insomnio o irritabilidad entre otros muchos.

En cuanto a las consecuencias, aunque el homicidio es la más directamente relacionada con los malos tratos, existen otras, como el suicidio, que no se computan en las estadísticas y que, sin embargo, tienen una alta incidencia entre las mujeres que sufren violencia de género, según recuerda la doctora Lasheras.

Según datos del Instituto de la Mujer del Ministerio de Asuntos Sociales, una mujer tiene una probabilidad 6 veces mayor de ser agredida por una persona de su entorno familiar que por un extraño, pero la violencia más frecuente es la que proviene de una pareja actual o anterior. Hasta el pasado 18 de julio habían sido asesinadas en nuestro país 56 mujeres y de ellas 43 a manos de su pareja o ex pareja.