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Lamy pide valentía para avanzar en Hong Kong

16 de septiembre de 2015 | Todas

La liberalización del comercio mundial es un objetivo de la Organización
Mundial del Comercio (OMC) que las organizaciones no gubernamentales quieren
evitar toda costa por ver amenazados los intereses de los agricultores de los
países más pobres. Desde este martes y hasta el próximo día 18 Hong Kong acoge
la reunión ministerial de la OMC, con la situación de los países más pobres y
menos desarrollados del mundo sobre el tapete. La reunión se ha iniciado con el
discurso del director general de la OMC, Pascal Lamy, que ha pedido a los
negociadores de los 149 países que sean «abiertos, audaces y
valientes»


Al mismo tiempo, más de 10.000 activistas antiglobalización, incluidos más de
un millar de surcoreanos, se preparan ya en Hong Kong para protestar en contra
de la liberalización del comercio mundial y de lo que significa la Organización
Mundial del Comercio (OMC). Todos ellos amenazan con hacer uso de la violencia
para evitar la liberalización del comercio mundial, ya que, dicen, daña
principalmente a los agricultores de los países más pobres.


Y parece no tratarse de palabras vacías. Desde que uno de sus líderes se
suicidase a las puertas de la quinta conferencia ministerial de la OMC en Cancún
en 2003, los campesinos de Corea del Sur se han convertido en el ejemplo más
dramático de la resistencia que algunos grupos ejercen contra la globalización.
Dada la cercanía de Corea del Sur con Hong Kong –apenas tres horas de vuelo- y
dados estos antecedentes, muchos temen que la presencia de estos campesinos
pueda poner la nota violenta a la reunión, que está rodeada de impresionantes
medidas de seguridad.



Culminación de Doha
La reunión en Hong Kong tiene como
propósito poner fin a la llamada «ronda de Doha» en las negociaciones de la OMC,
iniciadas en el 2001 en la capital de Katar. Uno de los propósitos es atender a
las preocupaciones comerciales de las naciones más pobres. Sin embargo, hay
ideas divergentes en cuanto a la manera de ayudar a esas naciones a mejorar su
economía a través de la liberalización de los intercambios comerciales, y los
países desarrollados piden a naciones en desarrollo, pero a grandes potencias
comerciales como Brasil e India, que también cooperen.


Para el director general de la OMC, el francés Pascal Lamy, esta reunión
supone la primera prueba de fuego para sus habilidades como mediador. Es por
ello, por lo que Lamy insistió a los países en que tienen que aprovechar la
ocasión para construir la plataforma desde la que lanzar las negociaciones que
han de completarse en 2006.


Aunque la reunión de Hong Kong estaba, en principio, concebida para que en
ella se completaran los acuerdos modelo, conocidos como las modalidades, sobre
el comercio de productos agrícolas, acceso a mercados para bienes industriales
(NAMA), servicios o desarrollo, las enormes distancias entre los países han
hecho que esas metas hayan tenido que posponerse a 2006.


La Ronda del Desarrollo de Doha se lanzó en 2001 y con ella se pretende que
los principales beneficiados del proceso de liberalización mundial del comercio
sean los países en desarrollo. El Banco Mundial (BM) estima que si la Ronda de
Doha concluye con éxito y en los plazos previstos, la economía global se
beneficiará en los próximos diez años de una inyección de liquidez de 300.000
millones de dólares.


Ahora, según fuentes diplomáticas, es necesario que de Hong Kong salgan unos
principios mínimos con los que abordar las discusiones de los próximos meses,
teniendo en cuenta que hay en el horizonte asuntos como que la Autoridad de
Promoción Comercial (TPA) que el Congreso de EEUU concede a la Casa Blanca
expira en junio de 2007.


Esa autoridad permite a Washington negociar acuerdos de comercio
internacionales sin someterlos al proceso de enmiendas del Congreso, que sólo
puede aceptarlos o rechazarlos en su conjunto. Si el proceso negociador de la
ronda de Doha se dilata y se prolonga más allá de junio de 2007, el Congreso
podría no renovar al presidente George W. Bush esa autoridad. Por ello, el mismo
negociador de EEUU, su representante especial de Comercio, Rob Portman, insistió
en que las negociaciones de Doha deben concluirse en 2006.


Sin embargo, la realidad de las últimas semanas, con los diferentes bloques
negociadores acusándose de falta de voluntad política en las negociaciones, ha
llevado a los participantes a reducir sus expectativas y conformarse con asentar
las bases que permitan buscar un consenso dentro de unos meses.


Para el comisario europeo de Comercio, Peter Mandelson, de las negociaciones
debería de salir una buena dosis de realismo para que las negociaciones acaben
en 2006. Pero las dificultades persisten en las tres principales áreas de la
negociación, como son la agricultura, el acceso a los mercados para los bienes
industriales y los servicios. Los países en desarrollo insisten para que los más
ricos e industrializados les abran sus mercados agrícolas, pero las naciones más
desarrolladas quieren a cambio ofertas generosas en acceso a mercados para
productos no agrícolas y servicios.


Las naciones más ricas insisten en el esfuerzo que deben de hacer las
economías en desarrollo en las que el comercio se ha convertido en el impulsor
de impresionantes crecimientos del producto interior bruto como ocurre con
Brasil e India, al tiempo que recuerdan que ellos disponen ya de programas que
permiten a los productos de los menos avanzados entrar con aranceles cero a sus
mercados.